viernes, 4 de octubre de 2013

Manifestaciones de Espantos y Aparecidos - Los Tanques de Agua.

A través de los años se han contado siempre historias y leyendas de espantos y aparecidos cuyas manifestaciones suelen ocurrir en entornos muy particulares.
Las siguientes notas las enfocaremos a realizar un breve acercamiento a tales historias pero principalmente a ejemplificar algunos de esos enclaves que suelen estar relacionados con el misterio.
El primero que viene a mi memoria gracias a los relatos que me contaron tanto mi abuela como mi madre son los que se desenvuelven en los conocidos como "tanques de agua".
En nuestro país, las municipalidades tuvieron una época en la que construyeron grandes áreas comunitarias con pilas o piletas que las buenas señoras podían utilizar gratuitamente para poder lavar la ropa.
Los tanques de agua acercaban el vital líquido a las poblaciones y reducían el riesgo de ahogamientos en los ríos, principalmente en las épocas de las crecidas de los caudales por las fuertes lluvias. 
Durante el día las mujeres se afanaban por restregar y tender las prendas, mientras sus niños corrían y jugueteaban en los alrededores en un entorno más seguro.
 
Tanque Municipal de Agua.
San José Pinula. Octubre 2013.

Pero por las noches o en las madrugadas, aquellos eran considerados sitios predilectos para la proliferación de espantos y aparecidos.
La más que famosa entidad conocida como "La llorona" solía ser de las principales en ser descritas por las señoras de avanzada edad visitando aquellos lugares, ya que hacen alusión a que busca a sus hijos, a los que ahogó en el Río de las Vacas, flotando enlutada, con la cara y los cabellos crispados,  profiriendo los lastimeros gritos de "Ay mis hijos!, ¿Dónde están mis hijos?", mientras hunde las manos en el agua en busca de ellos.
Se le recuerda al lector que si alguna vez llega a escuchar a esta aparición debe prestar atención a la siguiente pista:  Si los lamentos se oyen cerca, quiere decir que la aparición se encuentra lejos. Pero si los lamentos se oyen lejos, más le valdrá rezar y correr, porque la aparición se encuentra entonces cerca.
En la zona 5 de la ciudad capital justo en el barrio de La Palmita, donde viví durante mis primeros 10 años, recuerdo que se hacían corrillos y tertulias al rededor de las 6 de la tarde mientras se preparaba el café y los frijolitos para la cena.
Una de las historias que más me impresionó se parecía en algo a la siguiente:

Los Viernes Santos son días de guardar. Eso quiere decir que cualquier trabajo aún doméstico debía de dejarse de realizar a menos que fuera extremadamente necesario o vital.
La gente dedicaba su día a la elaboración de los huertos y en el rezo del Santo Rosario, la Novena de Jesús de la Divina Misericordia, la meditación de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo en la Santa Biblia o a escuchar Marchas Fúnebres y recogerse en los pensamientos cuaresmales.
Nía Mirtala (lo que hoy sería un equivalente a decir "Doña" Mirtala) se ganaba el sustento lavando ajeno, para lo cual pasaba siempre recogiendo las costaladas de ropa en un carretón que llevaba al tanque de agua municipal llamado de Santa Ana.
Cuentan que aquel Viernes Santo, se le vió pasando con su carretón por todas las casas para solicitar la carga de ropa de sus clientes y dirigirse a lavar como si fuera otro día cualquiera.
Nía Candelaria, una de las ancianas que más tiempo llevaba de vivir en el barrio, le dijo al verla pasar que tuviera presente que era un día de guardar y que igual a ella le habían adelantado el pago del viernes para que no tuviera que laborar.
Nía Mirtala le dijo que a ella no le importaba el día que fuera, que ella lo que quería era salir de pobre y si para eso necesitaba hacer cualquier cosa, sería capaz de pedir ayuda al mismísmo diablo para ganar más y más dinero.
Nía Candelaria se escandalizó y después de persignarse le dijo que nadie cristiano le daría trabajo así y menos aquel día.
Dicho y hecho, el carretón de la lavandera permaneció vacío sin que nadie se atuviera a solicitar sus servicios durante más de una hora.
Finalmente, llegó a una esquina donde estaba un puesto de una vendedora de velas, hierbas y remedios caseros, muy denostada por la gente del barrio por ser considerada una bruja.
- "Buenas Nía Salo, ¿usted no tiene nada para lavar?" - dicen que saludó la lavandera.
- "Buenas hija, pasa" - le contestó la enjuta vieja - "tengo unos costales de maíz que necesito lavar, pero ya ves, soy muy mayor y no tengo fuerzas para llevar tanto peso hasta el tanque de agua. Es una pena, tengo un encarguito que hacer y necesito los granos del maíz para poder hacerlo. Si tu quieres hacerlo, te pagaré 1 Quetzal (moneda de Guatemala, que por aquellos años se encontraba en paridad con el Dólar norteamericano) por cada saco que traigas de granos de maíz limpio."
- "No se apure Nía Salo, yo se lo hago." - acotó la lavandera.
Y diciendo aquello, se puso a cargar sobre el carretón las costaladas de maíz que quería la siniestra anciana.
Al cabo de un cuarto de hora, se dirigió al tanque y en la soledad de la tarde se puso a vaciar los granos en unos botes que dispuso en un lavadero y que empezó luego a llenar con el líquido de una de las piletas.
El trabajo cada vez se le hacía más pesado, pero como era tan ambiciosa, seguía pensando en no dejar de lavar. Le daba la impresión que por cada saco de maíz que lavaba uno nuevo más sucio aparecía en el carretón.
Finalmente, le dieron las tres de la tarde, la hora en que se conmemora la muerte de Nuestro Señor Jesucristo por nuestra redención. Es costumbre rezar un Credo justo a esa hora, y haciendo una genuflexión al llegar a la parte de su muerte, darle gracias por aquel sacrificio de amor infinito efectuado por nosotros.
Las campanas de la Parroquia María Auxiliadora tañían al aire llamando a los Santos Oficios, pero a Nía Mirtala le era indiferente.
"No aguanto seguir lavando, en verdad que quisiera poder trabajar más rápido para ganarme todo el dinero posible. ¿No me explico como hay gente que pierde el valioso tiempo? Ya lo dije, si el maligno me ofreciera ayuda para poder ganar más dinero la aceptaba".
Y entonces, en ese momento fue que tuvo la experiencia más aterradora de su vida. Y es que vió que su deseo fue cumplido de una manera muy macabra.
Removiendo los granos de maíz dentro del bote se dió cuenta que el agua se arremolinaba con violencia y tuvo contacto con otra mano que se afanaba también en lavar el maíz.
Una mano que salía del fondo del bote, sin cuerpo, como sembrada en el fondo del recipiente, una mano animalezca, negra, peluda y con largas y afiladas uñas que le rasgaron la piel al contacto.
Horrorizada, retiró su propia mano de aquel bote y siguió viendo girar aquella otra siniestra en el fondo, haciendo círculos sin parar, al mismo ritmo que su febril cabeza empezó a girar también hasta que cayó desmayada en el piso.
La gente que salía de los Santos Oficios la encontró allí, inmóvil, cerca de una hora y media después.
En el carretón no habían sacos de maíz, sino sacos de carbón. Y en los sacos apilados que suponía de maíz limpio, solo cenizas y pelos de elote. Sus manos, estaban negras de remover cenizas pestilentes, como si fueran cenizas de cadáveres incinerados.
Cuentan entonces que nunca se recuperó de un derrame que le paralizó  medio cuerpo, justo del lado en que entró en contacto con aquella garra, y durante toda su vida cada Viernes Santo caía en cama con grandes fiebres alcanzando a musitar nada más "Era la mano del diablo, la mano del diablo".
 
Los Tanques Municipales también han ido evolucionando, hoy en día los hay como el que está en San José Pinula, más moderno, con juegos de madera para los pequeños de las lavanderas, pero también los hay tan antiguos como los que se encuentran frente a las ruinas del Convento de Santa Clara en la Antigua Guatemala, que siguen siendo exactamente los mismos de la época colonial.


Tanque Municipal de Agua, frente a las Ruinas del Convento de Santa Clara.
Antigua Guatemala. Septiembre 2013.
Existen otras leyendas como las de la Siguanaba, una figura femenina de mujer muy sensual y provocativa, que suele aparecerse en un camisón casi transparente recorriendo las calles en busca de los hombres mujeriegos.
He escuchado las historias de hombres que caminando por las cercanías de los tanques de agua suelen ver a esa voluptuosa figura a la orilla de los tanques de agua, algunas veces peinando sus largos cabellos con un peine dorado, otras lavándose el pelo con un guacal también dorado, con el que saca el agua de las piletas.
Nunca se deja ver la cara y suele hacer gestos provocativos con las manos para incitar al espectador a que se acerque.
Una vez el incauto se encuentra a su alcance se da la vuelta, y donde esperan encontrar un rostro hermoso en sintonía con su figura se topan con la descarnada calavera de una yegua, con ojos refulgentes. Sus manos entonces, atenazan a su víctima y si bien en algunos casos lo ahogan en el tanque de agua, en otras se los lleva entre alaridos de pavor para arrojarlos en un barranco.

Vista frontal Tanque Municipal de Agua, frente a las ruinas del Convento de Santa Clara.
Antigua Guatemala, Septiembre de 2013.

Si visita Guatemala, no dude en dar un paseo cerca de los Tanques de Agua, los hay en cualquier ciudad y pueblo. Si llega a ser testigo de lo sobrenatural, no dude jamás en enviarme su historia para contarla aquí, en Guatemisterios.

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