domingo, 13 de octubre de 2013

Comidas Típicas - Elotes Asados.

Seriamente he considerado que faltaba algo por tratar en los tópicos relacionados a las tradiciones populares de Guatemala, he caído en la cuenta que no había hablado para nada de la comida típica.
Afortunadamente, el día de ayer me encontraba buscando un material para un disfraz que le pidieron a mis hijos y mi esposa me envío por el encargo a una miscelánea. Es de esas misceláneas que existían en mis tiempos de pequeño, de esas que venden lustrinas, lana, botones, fieltro, plasticina, globos, papel de china, papel crepé, papel construcción, cartulina, encaje, juguetitos plásticos, calcomanías, agujas capoteras, bricho, brillantina y también empacan regalos.
Y no sé por qué tuve la feliz idea de aparcar el auto lejos (quizá porque más cerca me podrían poner cepo los policías de tránsito), así que tuve que caminar mis buenas tres cuadras completas desde donde aparqué hasta la miscelánea.
Felíz idea digo, porque llevaba años, pero tal vez más de ocho años que no me comía un elote asado.
Esas ventas de comida que dejé de frecuentar al casarme cuando empecé a comer comida saludable.
Miedo yo, jamás. Tengo presente que si mi estómago soportó la comida de la calle veintiséis años todavía estoy en capacidad de procesarla.
Pues en efecto, me topé con una venta de elotes asados, de esas que acostumbraba ver el la zona 1 capitalina, de esas que se ponen frente a la Basílica de Santo Domingo precisamente ahora en Octubre, para el mes del Santo Rosario, cuando se ubica la feria frente al atrio de la Iglesia.
Me acerqué sin más y le indagué a la buena señora por el precio.
Me dijo que costaban cinco quetzales y que también tenía de esos otros, de los más tiernos.
Yo quería de los amarillos, los más sazones, me gusta la textura entre tostada y carnosa de esos granos.
Le pagué, me dió mi elote y mi vuelto y me puso entre la hoja y la mazorca mi buen trozo de limón que pasó primero por un recipiente con sal.
Respiré profundo y dije para mis adentros: "Hala!, si vamos a morir de una super infección estomacal, que sea por un elote asado como este"...
Y afortunadamente ya ven, hierba mala nunca muere. Aquí me tienen escribiendo mi oda a un elote asado. El problema será que me aficione de nuevo a pasar cada fin de semana por uno.
¿A alguno de ustedes se les antoja, queridos lectores?
Ah... ya sé, es que una imagen vale más que mil palabras, aquí les dejo en la foto de los elotitos.
Hasta el próximo post.

Puesto tradicional de elotes asados, San José Pinula.
Octubre, 2013.
Se me olvidaba, algo más. La caminata me a ha repercutido en una gripe y constipados memorables, al menos tengo el consuelo de saber que tendrán que batallar con los microbios de los elotes para ver quién gana.

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